Balduino IV de Jerusalén - La gente también pregunta
Balduino IV fue rey de Jerusalén entre 1174 y 1185, conocido como el rey leproso por la enfermedad diagnosticada en su infancia, célebre por la victoria de Montgisard frente a Saladino en 1177 y por morir joven, a los 24 años.
El rey que gobernó Jerusalén enfermo de lepra
Balduino IV nació en 1161 en el reino cruzado de Jerusalén, hijo del rey Amalarico I y de Inés de Courtenay. Ese reino, fundado tras la primera cruzada en 1099, ocupaba una franja de Tierra Santa que funcionaba como frontera y punto de contacto entre Europa y Oriente Próximo, casi un siglo antes de que Marco Polo emprendiera su célebre viaje hacia Asia por rutas que también pasaban por esa misma región del Mediterráneo oriental. Siendo niño, su tutor, el cronista Guillermo de Tiro, advirtió que Balduino no sentía dolor cuando se arañaba los brazos jugando con otros muchachos: la insensibilidad se interpretó como un síntoma de lepra, la enfermedad que marcaría el resto de su vida.
Amalarico I murió en 1174 y Balduino fue coronado rey con solo 13 años. Por su minoría de edad y por el avance ya perceptible de la enfermedad, el gobierno recayó primero en un regente, Raimundo III, conde de Trípoli, entre 1174 y 1176. A medida que crecía, Balduino fue asumiendo un papel más directo en las decisiones militares y diplomáticas del reino, pese a que la lepra le iba afectando de forma progresiva a las extremidades y, más adelante, a la vista.
El episodio más recordado de su reinado llegó el 25 de noviembre de 1177, cuando su ejército, muy inferior en número, derrotó a las fuerzas de Saladino en la batalla de Montgisard. Balduino, de 16 años y ya con movilidad reducida, participó en persona en la carga de caballería junto a los caballeros templarios. La victoria contuvo durante varios años el avance de Saladino y consolidó la reputación del joven rey, pese a su enfermedad, como un líder capaz de imponerse en el campo de batalla.
En la década siguiente, el deterioro físico de Balduino se hizo más evidente y con él crecieron las tensiones por la sucesión. Su hermana Sibila se había casado en 1180 con Guy de Lusignan, a quien el propio rey acabó por retirar la regencia en 1183 al desconfiar de su capacidad de gobierno. Frente a Guy se situó Raimundo III de Trípoli, cabeza de la facción de la nobleza local. Para asegurar una sucesión ordenada sin entregar aún la corona a Guy, Balduino coronó ese mismo año como corregente a su sobrino, el futuro Balduino V, hijo de Sibila.
Balduino IV murió en Jerusalén en marzo de 1185, a los 24 años, sin haberse casado ni tenido descendencia propia. Su sobrino, aún niño, reinó poco más de un año bajo regencia antes de morir en 1186, y la corona pasó entonces a Sibila y a Guy de Lusignan. El nuevo reinado duró poco: el 4 de julio de 1187 el ejército cruzado fue destruido en la batalla de Hattín y Jerusalén se rindió a Saladino el 2 de octubre siguiente, apenas dos años después de la muerte del rey leproso.
La película El reino de los cielos, dirigida por Ridley Scott y estrenada en 2005, llevó esta historia al gran público, aunque con notables licencias dramáticas: la máscara de plata que cubre el rostro de Balduino, interpretado por Edward Norton, no aparece documentada en ninguna crónica medieval, incluida la de Guillermo de Tiro. Ese contraste entre el registro histórico y la reconstrucción posterior recuerda, salvando las distancias, al que rodea a figuras como el rey Arturo, donde la leyenda ha terminado por imponerse en la memoria popular sobre los datos verificables. En el caso de Balduino IV, sin embargo, la documentación de la época, empezando por la crónica de su propio tutor, permite reconstruir con bastante precisión el reinado real de un monarca que gobernó y combatió durante más de una década pese a una enfermedad que en su tiempo no tenía cura.
Muy anterior a las cruzadas, otra corte de Oriente Próximo: Ramsés III y la conspiración del harén.