Cambio de hora 2026: cuándo se atrasan los relojes
En España y en toda la Unión Europea el cambio a horario de invierno es el domingo 25 de octubre de 2026: a las 3:00 serán las 2:00 en la Península y a las 2:00 será la 1:00 en Canarias, y se gana una hora de sueño. Estados Unidos y casi todo Canadá no cambian hasta el domingo 1 de noviembre, igual que la franja fronteriza de México (el resto del país ya no cambia la hora desde 2022), así que durante esa semana la diferencia entre Madrid y Nueva York baja a cinco horas. Ambos lados quieren acabar con ello: la Cámara de Representantes aprobó el Sunshine Protection Act por 308 votos contra 117 el 14 de julio de 2026, pero el Senado se fue de campaña para las elecciones de mitad de mandato sin votarlo. En Europa, la propuesta de 2018 sigue bloqueada en el Consejo pese al impulso de Pedro Sánchez en octubre de 2025, a la espera de un estudio de la Comisión previsto para finales de 2026 que, a 21 de octubre, aún no se había publicado. Fuentes: timeanddate, Congress.gov, Comisión Europea, Consejo de la UE, eldiario.es, WTVB.
El contexto
Los relojes se atrasan dos veces en 2026, en dos fechas distintas, y ese desfase es lo que despista a todo el mundo. España y la Unión Europea cambian el domingo 25 de octubre. Estados Unidos y casi todo Canadá cambian una semana después, el domingo 1 de noviembre. El cambio europeo es este domingo, 25 de octubre, a las 3:00 en la Península; el estadounidense, el 1 de noviembre a las 2:00 hora local. Los dos atrasan una hora. Los dos regalan la hora de sueño. Pero no el mismo fin de semana, y durante los siete días intermedios la diferencia habitual entre Europa y Norteamérica se reduce en una hora: Madrid y Nueva York quedan a cinco horas en lugar de seis.
En términos prácticos, en España el cambio ocurre en la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre: a las 3:00 serán las 2:00 en la Península y Baleares, y a las 2:00 será la 1:00 en Canarias. La noche dura 25 horas, el sol se pone una hora antes ya ese domingo, y el siguiente movimiento es el paso al horario de verano el domingo 28 de marzo de 2027, cuando las 2:00 pasarán a ser las 3:00. En Estados Unidos será el 14 de marzo de 2027, dos semanas antes. Al otro lado del Atlántico hay que mirar el mapa con cuidado: la mayor parte de México no cambia la hora desde 2022, así que la diferencia con Ciudad de México pasa de ocho a siete horas este domingo, mientras que Tijuana o Ciudad Juárez atrasan el reloj el 1 de noviembre con Estados Unidos; y la Columbia Británica, en Canadá, dejó de cambiar en 2026.
Lo que hace distinto a 2026 es que a ambos lados del Atlántico se está intentando parar. En Estados Unidos, la Cámara de Representantes aprobó el Sunshine Protection Act el 14 de julio de 2026 por 308 votos contra 117, una mayoría lo bastante amplia como para cruzar líneas de partido. La ley haría permanente el horario de verano en todo el país, con opción de exclusión para los estados que prefieran el horario estándar. Llegó al Senado el 15 de julio y se remitió a la Comisión de Comercio, donde no se ha movido. El presidente Trump lo apoya públicamente, con el argumento de que el doble cambio anual cuesta dinero a hogares, ciudades y estados sin devolver nada, y volvió a presionar en agosto. El problema son los números: hacen falta 60 votos en el Senado, el líder de la mayoría John Thune duda de que existan, el senador Tom Cotton lidera las objeciones y la cámara se fue de campaña a principios de octubre sin abordarlo. En octubre, Thune admitió que no hay «ni un camino claro ni consenso», y el Senado no vuelve hasta después de las elecciones del 3 de noviembre. El cambio del 1 de noviembre se producirá igual.
Europa lleva más tiempo en ello y ha llegado menos lejos. La Comisión propuso acabar con los cambios estacionales en 2018, el Parlamento votó a favor en marzo de 2019 con horizonte 2021, y el Consejo nunca fijó una posición. El bloqueo nunca fue el principio, sino la elección: horario de verano permanente u horario de invierno permanente, y cómo impedir que países vecinos elijan distinto y fracturen el mercado único en un mosaico de husos. La pandemia y la guerra en Ucrania sacaron el expediente de la agenda. Quien lo devolvió a la mesa fue España: el 20 de octubre de 2025, Pedro Sánchez anunció que pediría al Consejo de la UE acabar con el cambio estacional a partir de 2026, con el argumento de que «ya no tiene sentido» y de que apenas ahorra energía, y Finlandia y Polonia se sumaron a la idea. La respuesta de la Comisión fue un nuevo estudio de impacto, encargado en febrero de 2026 y previsto para finales de año, cuyos resultados aún no se habían publicado a 21 de octubre. En marzo de 2026 publicó además las fechas oficiales del horario de verano hasta 2031, recordatorio de que las reglas actuales siguen vigentes mientras no se aprueben otras. Los próximos cambios ya están fijados: 28 de marzo y 31 de octubre de 2027.
Conviene recordar lo reciente y lo minoritaria que es la práctica. Se introdujo como medida de ahorro de combustible en tiempo de guerra, primero por Alemania y Austria-Hungría en abril de 1916, y su beneficio energético lleva discutiéndose casi desde entonces. La mayor parte del mundo prescinde de ella: Japón, China, India, Rusia, Turquía y casi toda África, Asia meridional y Oriente Medio dejan sus relojes en paz, y los países próximos al ecuador no ganan nada porque la duración del día apenas se mueve. Dentro de Estados Unidos, Hawái y casi toda Arizona ya se han excluido. Fuentes: timeanddate, Forbes, Congress.gov, The Hill, NBC News, TIME, WTVB, Consejo de la UE, Parlamento Europeo, Comisión Europea, eldiario.es, Moncloa.