KFC
KFC mueve miles de millones al año, pero su fundador murió con apenas una fracción de esa fortuna, y esa historia dice todo lo que necesitas saber sobre quién manda de verdad.
KFC (Kentucky Fried Chicken) es la cadena de pollo frito más grande del mundo, con más de 27 000 restaurantes en más de 145 países. No la inventó una corporación: la construyó un viejo de 62 años que vendía pollo desde una gasolinera en Corbin, Kentucky. Hoy pertenece a Yum! Brands, el gigante que también controla Pizza Hut y Taco Bell, y que cotiza en la Bolsa de Nueva York.
La gente busca KFC desde dos ángulos muy distintos: los que quieren saber dónde, cuándo y cuánto cuesta comer ahí, y los que sienten curiosidad por el dinero, el logo, la historia y la fórmula secreta. Este perfil responde a ambos grupos sin el filtro de relaciones públicas que la marca aplica en sus propias páginas.
Lo que KFC no va a contarte en su web oficial: la receta que hizo famoso al Coronel se la vendió a la empresa por una cantidad relativamente modesta, perdió el control del negocio, demandó a sus propios compradores y murió sin ser el hombre más rico de la sala. La corporación que lo compró sí se hizo obscenamente rica. Esa tensión entre el mito del fundador y la maquinaria corporativa es exactamente por qué la gente sigue haciendo preguntas sobre KFC décadas después.