Converse
Converse vende nostalgia con suela de goma: el secreto que explica por qué sigues pagando más por una zapatilla de 1917.
Converse nació en 1908 en Massachusetts como una marca de calzado deportivo de invierno, y en 1917 lanzó la All Star, la zapatilla que lo cambiaría todo. Durante décadas fue la zapatilla del baloncesto estadounidense; hoy es, sobre todo, un símbolo cultural que trasciende el deporte y vive en el armario de adolescentes, artistas y nostálgicos de todo el mundo.
En 2003, Converse estaba en bancarrota. Nike la compró por apenas 305 millones de dólares y la resucitó como una joya de margen alto: producto simple, fabricación barata, precio aspiracional. Esa tensión, entre lo que cuesta hacer una Chuck Taylor y lo que te cobran por ella, es exactamente lo que la gente busca entender.
Las preguntas que rodean a Converse no son solo de precio o diseño. Son preguntas sobre identidad, cultura pop y, sí, hasta sobre leyendas urbanas con tintes religiosos. La marca ha construido tal mitología alrededor de sus productos que incluso sus detalles más funcionales generan debate en internet.
Hoy Converse opera como una subsidiaria autónoma dentro del gigante Nike Inc., con sede en Boston, y genera más de 2.000 millones de dólares anuales en ingresos. No es una marca indie con alma rebelde: es una multinacional que vende muy bien la ilusión de serlo.