Burger King
Burger King es el segundo mayor imperio de hamburguesas del planeta, pero el verdadero rey no es ningún payaso ni mascota: es un fondo de inversión que controla miles de millones desde Toronto.
Burger King nació en Miami en 1954 y hoy opera más de 18.000 restaurantes en más de 100 países. No fabrica comida: vende franquicias. La inmensa mayoría de los locales son propiedad de franquiciados independientes que pagan regalías a la corporación matriz a cambio de usar la marca, los menús y los sistemas operativos.
Detrás del logo de la corona no hay un empresario carismático ni un chef visionario. Hay Restaurant Brands International (RBI), un gigante canadiense que también controla Tim Hortons y Popeyes. RBI cotiza en la Bolsa de Nueva York (QSR) y está respaldado en parte por 3G Capital, el fondo de capital privado de origen brasileño conocido por sus recortes de costes agresivos.
La gente busca Burger King en Google principalmente por dos razones prácticas: encontrar el local más cercano y saber si está abierto. Pero también hay curiosidad legítima sobre quién gana realmente el dinero cuando alguien pide una Whopper, y la respuesta no aparece en ningún cartel del restaurante.
Lo que Burger King nunca te va a contar en su web corporativa: que su modelo de negocio prioriza el crecimiento de franquicias sobre la calidad consistente, que los horarios y estándares varían brutalmente de un local a otro porque cada franquiciado tiene cierta autonomía, y que RBI ha sido criticado repetidamente por presionar a sus franquiciados con márgenes muy estrechos.