Uniqlo
Uniqlo es la máquina silenciosa que convirtió la ropa básica japonesa en un negocio de 20.000 millones de dólares, y su dueño es uno de los hombres más ricos del mundo.
Uniqlo es la marca insignia de Fast Retailing Co., Ltd., una empresa cotizada en la Bolsa de Tokio fundada por Tadashi Yanai. Lo que empezó en 1984 como una pequeña tienda de ropa casual en Hiroshima se ha convertido en el tercer grupo de moda más grande del planeta, por detrás de Inditex (Zara) y H&M. Su propuesta es radicalmente distinta: no persigue tendencias efímeras, sino que vende básicos funcionales de alta calidad a precios accesibles, el famoso fleece de polar, las camisetas Heattech o los pantalones de sarga son producto de años de ingeniería textil, no de caprichos de pasarela.
La gente pregunta por Uniqlo porque la marca ha crecido de forma meteórica en Europa y América Latina sin el ruido publicitario habitual. No gasta fortunas en celebridades ni en desfiles: deja que el producto hable. Eso genera curiosidad genuina, ¿quién está detrás? ¿dónde se hace? ¿es de fiar?, y pocas respuestas claras en los canales oficiales de la marca.
Lo que Uniqlo no pregona es que buena parte de su producción se concentra en fábricas de Asia con historial de denuncias laborales. Fast Retailing publica listas de proveedores y compromisos de sostenibilidad, pero las auditorías externas han señalado condiciones de trabajo deficientes en algunas plantas de Bangladesh, China e Indonesia. La marca ha mejorado su transparencia desde 2019, pero el debate sigue abierto.
En España, Uniqlo llegó en 2017 y ha ido abriendo tiendas principalmente en Madrid y Barcelona. La competencia directa con Inditex en su propio patio es feroz, pero Uniqlo ha conseguido una base de clientes fieles que valoran la durabilidad por encima del volumen de prendas. Para el público hispanohablante, la marca es también un objeto de curiosidad cultural: su nombre, su pronunciación y su filosofía “LifeWear” no se explican solos, y aquí es donde entran las preguntas.