The Ordinary
The Ordinary democratizó el skincare de laboratorio a precio de supermercado, y su historia detrás del mostrador es tan interesante, y oscura, como sus fórmulas.
The Ordinary es una línea de cuidado de la piel lanzada en 2016 bajo el paraguas de DECIEM, una empresa canadiense fundada por Brandon Truaxe. Su propuesta fue radical desde el primer día: eliminar el marketing glamuroso, poner el nombre del ingrediente activo directamente en el frasco y venderlo a un precio que dejaba en ridículo a las grandes casas de cosmética. Un sérum de ácido hialurónico por menos de 10 euros no tenía precedente en el mercado masivo de calidad.
La marca explotó en redes sociales porque sus productos funcionan, no por magia, sino porque sus ingredientes activos están respaldados por evidencia científica y las concentraciones son reales. Eso generó una comunidad enorme de skincare enthusiasts que comparten rutinas, combinaciones y advertencias. También generó confusión: The Ordinary tiene un catálogo denso, con ácidos, retinoides y péptidos que se pueden mezclar mal con consecuencias visibles en la piel.
Pero la historia corporativa de la marca es inseparable de su lado más turbio. Brandon Truaxe, su fundador visionario, protagonizó una espiral pública de comportamiento errático que culminó con su muerte en enero de 2019, a los 40 años, en circunstancias que las autoridades canadienses dictaminaron como accidente. Nicola Kilner, cofundadora y actual CEO de DECIEM, tomó las riendas. En 2021, Estée Lauder Companies adquirió la mayoría de DECIEM y en 2023 completó la compra total de la empresa.
Hoy The Ordinary es, en la práctica, una filial de uno de los gigantes cosméticos más poderosos del mundo, aunque mantiene su estética de “sin tonterías” y sus precios bajos como bandera. Si eso supone una contradicción con su ADN original, es una pregunta que la marca prefiere no responder.