Hermès
Hermès no vende bolsos: vende la ilusión de que tú no eres suficientemente rico ni suficientemente bueno para tener uno.
Hermès es una maison francesa fundada en 1837 que empezó fabricando arneses para caballos y hoy es sinónimo del lujo más exclusivo, y más inaccesible, del planeta. Sus bolsos Birkin y Kelly no se compran como cualquier artículo de moda: se solicitan, se esperan y, en muchos casos, se niegan. Esa arquitectura de escasez fabricada es su mayor producto.
La marca pertenece en su mayoría a la familia Hermès, uno de los clanes empresariales más herméticos (nunca mejor dicho) de Europa. Cotiza en bolsa, pero la familia controla más del 65 % del capital y ha resistido con éxito intentos de absorción, incluyendo el más sonado de la historia reciente: el de Bernard Arnault y su gigante LVMH.
La gente busca Hermès en internet por dos razones opuestas: los que pueden permitírselo quieren saber cómo conseguir un Birkin sin lista de espera infinita, y los que no pueden permitírselo quieren entender por qué un bolso de piel cuesta más que un coche. Ambas preguntas tienen respuesta, aunque a Hermès no le guste darlas.
Lo que distingue a Hermès de otras marcas de lujo es su modelo productivo: los bolsos se fabrican íntegramente a mano por un único artesano (artisan) en talleres franceses, con tiempos de producción de entre 18 y 25 horas por pieza. Eso limita el volumen, pero también, y aquí está el truco, dispara el precio en el mercado de reventa hasta niveles absurdos.