Balenciaga
Balenciaga vende ilusión de poder a precio de escándalo, y el mundo sigue comprando.
Balenciaga no es solo una marca de moda: es una prueba social con etiqueta de precio. Fundada en 1919 por el modisto vasco Cristóbal Balenciaga en San Sebastián, la casa llegó a París en 1937 y redefinió la silueta femenina del siglo XX. Hoy pertenece al gigante del lujo Kering, el mismo grupo detrás de Gucci, Saint Laurent y Bottega Veneta, y es dirigida creativamente por Demna (antes conocido como Demna Gvasalia), el georgiano que convirtió las zapatillas feas en objetos de deseo y las bolsas de supermercado en accesorios de 2.000 euros.
La marca ocupa un lugar único en la cultura contemporánea: está en las portadas de revistas de moda y en los memes de internet al mismo tiempo. Sus polémicas campañas publicitarias, especialmente la controversia de 2022 con imágenes que muchos consideraron inapropiadas, la mantienen en el centro del debate cultural global. Balenciaga es experta en convertir el escándalo en prensa gratuita.
Lo que la gente busca sobre Balenciaga rara vez es lo que la marca quiere que busquen: quieren saber por qué es tan cara, quién la controla realmente, qué pasó con sus directores creativos anteriores y qué hay detrás del mito del fundador. Aquí van las respuestas que el departamento de comunicación de Kering jamás publicaría.